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Los daneses Molbech, Meldahl , Kornerup y Philipsen en España

Tres autores daneses en España: Chr. K F Molbech (1821-1888), Ferdinand Meldahl (1827-1908) y Jacob Kornerup (1825-1913).

Chr. K F Molbech: En Maaned i Spanien: Nogle Reisebilleder. (Copenhague, 1848).

Ferdinand Meldahl estuvo en viaje de estudios en España c. 1850.

Jacob Kornerup: Skildringer fra Spanien i 1860 (Copenhague, 1863).

Theodor Philipsen (1840-1920) era miembro de la colonia escandinava en París en el decenio de 1880. Tras sus estudios en la Academia de Copenhague, pasó algún tiempo no sólo en Italia, sino también en Francia. Philipsen, que visitó Granada en 1882, había oído hablar probablemente de la ciudad por Krøyer y parece ser que alquiló la misma casa que su compatriota danés unos años antes. Philipsen, que era un pionero danés del impresionismo, concentraba su atención en los efectos de la luz en temas sin pretensiones, como las calles de Granada o su entorno. Desde España pasó a Túnez y pintó escenas callejeras árabes.

Carlos María Ocantos en Dinamarca (1910-1917)

Carlos María Bernardino del Carmen Ocantos y Ziegler (Buenos Aires, 1860-Aravaca, 1949) llegó a Copenhague en abril de 1910 como «encargado de negocios» de Argentina ante los reinos de Dinamarca y Noruega.

Venía de Madrid y se asentó en Toldbodvejen 7 (en 1911 se mudó a Frederiksgade 15). Venía con su hermana María Luisa y con un joven valenciano que le hacía de secretario, de nombre Bernardo Costa Millet (Gandía, 1887-), que fue su pareja desde los años de Madrid hasta su muerte. La hermana de Costa Millet, Luisa, se casó con el danés con Henrik Nielsen (m. 13.10.1919 en Copenhague). Ocantos y Costa Millet habían tenido problemas con la Justicia en Madrid y la liaron pardísima en Copenhague. En febrero de 1911 ya hubo un incidente diplomático a cuenta de la hermana del encargado de negocios (Donna Ocantos), del que se hizo amplio eco la prensa danesa.

La colonia argentina en Dinamarca estaba formada por diez ciudadanos, entre los que estaba Andreas Haningsen, que pasó a ejercer de cónsul adjunto. En 1911, Ocantos publica El peligro, y tres años más tarde Riquez, memorias de un viejo verde.

Fru Jenny. 6 novelas danesas (1914)
Fru Jenny: seis novelas danesas (Paris, Casa Editorial Hispano-Americana, Biblioteca Clásicos Americanos, 1914, 232 pp.) 1.

En su entrevista con Segundo B. Gauna en El Hogar, 5; fecha desconocida) dice:

Cuando llegué a Dinamarca (…) me sentí profundamente impresionado por aquellas almas singulares (…). Al conocerlos mejor, decidí escribir algunas novelas de ambiente danés.

Las 6 novelas danesas son «Fru Jenny», «Til Leje» (Se alquila), «Det Tabte Paradis» (El paraíso perdido), «Dame Café» (Café para señoras), «Farvel» (Adiós) y «Spogelset Fra Helsingor» (El fantasma de Helsinger).

La primera edición de Fru Genny (sic) se hizo en español, en París. Rápidamente se conoció la novedad en Copenhague y se tradujo el libro al danés, haciendo constar el prologuista que, desde Cervantes, era yo el primer latino que escribía sobre cosas y costumbres de Dinamarca… Más o menos en 1917 visité al Rey Christian X, espíritu culto como pocos, y le obsequié con un ejemplar de mis novelas danesas

Fru Jenny. Seks danske Noveller (Copenhague, Lybecker, 1917. 220 pp.). Traducción danesa de Emil Tuxen (1846-1937) con prólogo de Carl Bratli. P. A. Rosenberg, Censor del Reino de Dinamarca publicó unas notas laudatorias del libro en el periódico Kobenhavn (16.03.1917, 2).

La denuncia (1916)
La actuación de Ocantos como Ministro en Dinamarca estuvo marcada por intrigas y escándalos que precipitaron su retiro de la diplomacia. Estas intrigas tuvieron como instigador principal al cónsul adjunto Andreas Henningsen, uno de sus más allegados colaboradores. El 24 de enero 1916, alertado de que Henningsen trabajaba al servicio de la Inteligencia Militar Danesa, Ocantos solicitó a Buenos Aires el relevo del espía a lo que recibe respuesta satisfactoria. El 12 de mayo de 1916 se deshace de él y, a partir de ese momento, su adjunto inicia una operación destinada a destruir a su ex jefe.

El 4 de enero de 1917 (¡casi un año más tarde!) Henningsen eleva un informe denunciando a Ocantos por homosexual y arribista y señalando a Bernardo Costa Millet como su pareja 2. Las acusaciones son recíprocas y se complican. Henningsen redobla la apuesta y acusa a Ocantos de provocar la ira danesa con Fru Jenny, novela que juzga nefasta, y destaca que María Luisa, hermana del embajador, es “una mujer ignorante y mala”. Según Haningsen, Ocantos había llegado a Dinamarca en mayo de 1909 en compañía de su hermana María Luisa y de su “secretario privado”, un “gallego” de nombre Costa Millet. La referencia a “su vida privada” alude a la naturaleza de la relación entre Ocantos y Costa Millet, que Haningsen juzga inapropiada a un dignatario infiriendo que ambos vivían entregados al pecado en parques y pensiones de la capital danesa.

Lo relativo a “su carácter pendenciero” tiene que ver directamente con ciertos roces producidos a partir de la publicación de las novelas danesas, obra traducida que generó algunas críticas en un periódico local (al menos), donde se acusa al autor de “cínico perfecto”. El artículo, cuya copia fue remitida a Cancillería por Haningsen, juzgaba inaceptable que un extranjero escribiese sobre las costumbres de los súbditos daneses 3. Vale la pena señalar que no se trata de sutilezas o chismes. Las ofensas de Henningsen son graves y constan en expediente:

Pregunten en Christianía, donde el señor Ocantos y su secretario gallego tenían dormitorio juntos durante su permanencia allí. Pregunten a los diplomáticos en Copenhague sobre el representante argentino, al ministro de España ó al doctor Brockdorf Ranzan de Alemania ó al ministro yanqui Dr. Egaen porqué S.M. el Rey no asiste más a las fiestas en las legaciones y les darán la contestación que es a causa del ministro argentino y su hermana y del secretario privado.

Para Haningsen, Ocantos no sólo era un mal escritor sino un artista de poca monta:

“Puede ser que (sus novelas) no sean muy famosas, pero sus cuadros son horribles y naturalmente con la modestia que lo caracteriza él se cree un gran pintor”.

Haningsen escribe mal, con errores de ortografía; hay algo que Haningsen no confiesa y que probablemente nunca sabremos. Su actitud es la de un despechado, la de un resentido. Ignora o prefiere ignorar que Ocantos goza de merecido prestigio: Benito Pérez Galdós, entre otros, fue instrumental en su designación como miembro de la Real Academia Española. Y no conforme con denigrar la letra y la paleta de Ocantos, Haningsen afirma, en su carta, que la relación íntima con el “secretario privado” constituye un bochorno para la joven nación argen- tina, y que su hermana es una “pobre infeliz sin educación, de malas maneras, fea y sonsa”, lo que a juzgar por cuna de los Ocantos y testimonios familiares, no deja de ser una infamia tan vergonzosa como la que descalifica su prosa y devoción por la pintura.

Para Costa Millet, el secretario privado, Haningsen reserva el término “gallego” a modo peyorativo 4

Durante los siguientes seis meses Ocantos resiste en Friederikstrasse temiendo un atentado y espantado ante la posibilidad de la divulgación de lo que serían chismes infundados. En los primeros días de enero de 1917, Ocantos recibe la noticia de la muerte de su hermano menor en París. Víctima del nacionalismo dinamarqués y las mezquindades del resentido Haningsen, Ocantos abandona Dinamarca en 1917 para instalarse en Aravaca, suburbio madrileño donde construye una casa de muy buen gusto en la que vivirá el resto de sus días en compañía de su hermana y con su amante Costa Millet que en 1917 estableció un servicio de automóvil entre Pozuelo y Madrid.

Carlos María Ocantos murió en Aravaca el 30 de agosto de 1949. Sus restos fueron sepultados, junto a los de su hermana María Luisa, en el cementerio de San Justo, en Madrid. Un año más tarde y a solicitud de la familia Ocantos, ambos cuerpos fueron repatriados y desde entonces, el novelista vino a sumarse a muchos de los secretos del cementerio de la Recoleta

  1. La segunda edición en español de la obra (Madrid, 1923) incluye el prólogo de Bratli a la traducción danesa y unas notas laudatorias de P. A. Rosenberg, Censor del Reino de Dinamarca (1917) que le sirven a Ocantos como descargo por los ataques que había sufrido.
  2. Fundamenta su solicitud de destitución de Ocantos en función de tres argumentos: “Uno: su vida privada; dos: su carácter pendenciero; tres: su hermana”.
  3. Entre tanto, en la Argentina, los nacionalistas consideraban las novelas de Ocantos demasiado españolas para el gusto local. Los nacionalismos se parecen.
  4. Haciendo honor a la condición recalcitrante del medio pelo argentino tan finamente retratado por el autor en sus novelas: Haningsen bien pudo haber habitado en las páginas de El candidato (1893), La Ginesa (1894) o Don Perfecto (1902).