Daneses
Gustav Munch-Petersen (Copenhague, 1912-Batalla del Ebro, de abril de 1938), escritor vanguardista y pintor danés. En 1937 se unió a las Brigadas Internacionales y peleó en la guerra civil española, donde, al año siguiente, murió en la Batalla del Ebro. Algunos le acreditan el grito: «¡No pasarán!», de la Resistencia antifascista. Gustaf dejó a su mujer, un hijo y familia en Dinamarca.
Con ojos vivos
veo la pared de una casa
tatuada por la guerra.
la casa ha desaparecido
pero envuelta en la polvareda de los coches
la pared queda en pie:
un monumento,
solitario, garabateado
en honor de aquellos cuyos ojos son de barro.
Finlandeses
El 25 de octubre de 1938 el militar finlandés en el Ejército de Franco Carl von Haartman está cerca de Santander y se encuentra con un brigadista finlandés que había pasado un tiempo en un campo de concentración y que estaba intentando volver a su país:
Mis pensamientos sentimentales fueron interrumpidos por un sonoro: -Sr. Capitán, ¿puedo hablar?. -Levanté la vista y delante mío estaba un pobre diablo, pálido y delgado con una venda en un brazo. Sin decir palabras comprendí que me hallaba ante una víctima de la propaganda izquierdista que se había alistado en el ejército rojo con promesas de buena paga y buen trato.
¡Pobre diablo! Ahora el Estado le pagaba la vuelta a su país después de pasar un mes en un campo de concentración. No me salía una sola palabra. La lástima por el pobre hombre me embargaba hasta que por fin él mismo dijo la frase que nos hizo reír a los dos. – Ahí, en el otro bando, -gesto con la mano hacia atrás- pensábamos que el capitán finlandés había caído en la batalla del Ebro.
– Estupendo -le dije- vamos a brindar por el muerto-.
Nos sentamos en el bar, el Sr. Comunista bebió coñac y yo whisky. Empezó a contar su odisea desde que se alistó en Finlandia donde le habían dado pasaporte, billete y dinero. Salieron siete, pero seis habían muerto en el frente de Andalucía. Él mismo resultó herido y después del hospital ingresó en el campo de concentración.
El hombre apenas parecía otra cosa que un montón de huesos así que le incité a sentarse conmigo en el comedor donde mi ex enemigo disfrutó de una sustancial cena que consistía en filete con cebolla y vodka finlandés. Cuando hice descorchar un buen Rioja pidió «!mas vodka, mas vodka!».
Indudablemente era un comunista convencido, pero también opinaba que esta maldita guerra ya tenía que terminar. Fue muy interesante como habían sido sus primeras semanas en Barcelona. Les dieron uniformes, buenas botas y 25 pesetas al día pasa sus gastos. -Todo el grupo estaba contento pero el llegar al frente la situación cambió, las botas fueron sustituidas por alpargatas y del buen trato sólo quedaba el recuerdo. Aunque lo peor era la comida, que consistía en calamares en su tinta, caracoles y otros pescados extraños para un pastor finlandés. Con la menor excusa nos pegaban.
– Lo peor -dijo el hombre- es que siempre eran tres contra uno, es decir, dos que te agarraban y uno que te pegaba. Si alguno de los finlandeses se defendía le pegaban públicamente para servir de ejemplo.
– ¿Y aún así eres todavía comunista? -le pregunté.
– Bueno, hay que comprender… – me contestó- que entre los rojos también hay los que se pasan …Nos separamos casi a medianoche, pero me quedé largo raro pensando en el diferente destino de cada persona.