Bruno Franzén (1907-1957)

Bruno Vincent Franzén (Estocolmo, 1907; marmolista) perdió la mano derecha y tres dedos de la izquierda en Guadalajara. Pasó 6 meses en España y volvió a Suecia en agosto de 1936.

El marmolista Bruno Vincent Franzén (Katarina, EST, 15.09.1907-Dansbanevägen 22, Hägersten, EST, 20.01.1957) estuvo 6 meses en la guerra de España. Foto de Karl Sandel.

El 11 de marzo de 1937 perdió la mano derecha y tres dedos de la izquierda en el Frente de Guadalajara, mientras defendía una ametralladora junto al segundo artillero Karl Dahlström (1908-1937), que murió en el acto. Ambos formaban parte de la Compañía de Ametralladoras del batallón Edgar André que estaba integrada por un cuarto de escandinavos. Estaban colocados a la derecha del km. 83 de la N-II. El día anterior habían contenido los ataques de las unidades italianas y de la artillería pero el 11 ya no pudieron aguantar la ofensiva.

El voluntario sueco Sixten (Rogeby) Olsson (7.8.1910) escribe sobre los lugares que vio durante el segundo día en Guadalajara, marzo de 1937:

Acababa de terminar una incursión infructuosa a los otros grupos, en un último intento por encontrar munición antitanque, cuando veo las primeras granadas golpear justo en el borde del bosque y precipitarse. Los fascistas se habían dado cuenta de nuestro dilema, alinearon una fila de tanques en la carretera y dispararon fácilmente directamente a nuestras posiciones.

A pesar del aturdimiento, escucho el lamento de Thunström: «Dios mío, la ametralladora se ha ido al infierno», y lo alcanzo en tres saltos de gigante. La posición es un espectáculo terrible. La granada golpeó la ametralladora directamente, arrancando el mecanismo y la mayor parte de las manos de Bruno, mientras sostenía los mandos. El segundo artillero, Karl Dahlström, se ha convertido en una masa indefinible, de la que no se reconoce más que su rostro delgado y parte de una mano, todavía aferrada a lo que solía ser el cinturón de municiones. Algo comienza a moverse y a gemir en la pila: es Bruno, que se está despertando. Menea, confundido, lo que queda de su compañero, tratando de despertarlo. Con no poca dificultad, consigo ponerlo en pie, y los dos sanitarios suecos se acercan a nosotros por encima de tocones de árboles y agujeros de granadas para ayudarlo. La impresión es terrible … la sangre le corre por la cara y sale de los restos de sus manos, grandes, fuertes y callosas solo unos momentos antes. Pero camina solo, casi sin ayuda, hacia la trinchera sanitaria, se tiende tranquilamente y deja que lo venden lo mejor que puedan, considerando las circunstancias.

Las transfusiones de sangre son las que le salvaron la vida a Bruno Franzen. Pero una de sus manos había sido arrancada y la otra mutilada. Uno de sus ojos había desaparecido y sus tímpanos volaron. Después de que Bruno recibió los primeros auxilios y fue enviado de regreso, sus compañeros se retiraron a una posición de reserva con la única ametralladora que quedaba en todo el pelotón.

Fue trasladado al antiguo Colegio de las Adoratrices de Guadalajara donde habría muerto si no hubiera recibido una transfusión de sangre del famoso médico canadiense Norman Bethune (1890-1939). Es algo que se descubrió en 2017 a partir de la leyenda escrita en el reverso de esta foto. Cf. Comisión histórica de la AABI, «El doctor Bethune y el doctor Jolly salvan la vida de Bruno Franzen».

Tras salvar la vida fue trasladado, posiblemente, al Hospital La Pasionaria de Murcia (era lo habitual) y parece que pasó también por el Hospital Sueco-Noruego de Alcoy (mayo de 1937) para recibir atención en su lengua. El 5 de agosto de 1937 regresó a Suecia. Sobre él escribió Kajsa Rothman (1903-1969) un artículo en el Karlstads-Tidningen titulado «Giv Bruno nya händer».

En el nr. 50 de la revista Se! (13-19 de diciembre de 1951) se publica un reportaje fotográfico sobre Bruno Franzén bajo el título de «Diktatorernas fiende» (El enemigo de los dictadores. Pdf).

Se le ve en varias fotos desarrollando su vida diaria con un garfio en la mano derecha, al tiempo que se le ensalza como luchador contra Franco, Mussolini y Hitler. «Det var vårt offret», dice, mientras cuenta la historia de su vida desde el momento en que fue herido.

Dice que vive en una casa de 16 metros cuadrados de la que lo van a echar (en Kolartorp, suroeste de Estocolmo), cobra 1.740 coronas al año como pensión de invalidez, lo que no le alcanza. El reportaje se hace para contribuir a una colecta que ha abierto el Svenska Hjälpkommittén för Spanien para que pueda comprar su propio terreno y ampliar su granja de pollos (de 50 a 500) para ganarse la vida («… den insamling Svenska Hjälpkommittén för Spanien startat i avsikt att bereda mig möjlighet att komma över en egen jordbit och utöka mitt nuvarande hönseri på 50 höns till ungefär det tiodubbla.»).