Hospital sueco-noruego de Alcoy

Primera dotación de personal con la que contó el Hospital Sueco Noruego de Alcoy (marzo 1937). De izquierda a derecha, sentados en el suelo en primera fila: Gunnar Finsen, médico; Effi Leganger, enfermera; Erik Rabo, médico sueco; Ingerid Stanler, fisioterapeuta; Gunnar Niström, médico; Johan Wingerstrand, médico; Marthe Nygaard, enfermera; Alf Manum, farmacéutico; Lars Kjonnegard, enfermero.

De izquierda a derecha, sentados en la fila central: Gunnar Petersen, médico; Dagny Olsson, enfermera sueca; Bergljot Ursin-Holm, enfermera; Stina Bäse, enfermera sueca; capitán Natt och Dach, intendente; Nini Haslund Gleditsh, gerente; Lorens Sjödin, administrativo; Bertha Olufsson, enfermera; Asta Kihlander, enfermera sueca; Brita Edman, fisioterapeuta sueca; Karen Marie Berget, enfermera; Gunnar Johnson, médico; Johannes Hagtvet, médico.

En la fila última, de izquierda a derecha: esposa del capitán Natt och Dach; Martin Haugland, enfermero; Kitty Sevaldsen, enfermera.

En abril de 1937 se inauguró un hospital en el pueblo de Alcoy gracias a una colaboración sueco-noruega. Para lo cual, el gobierno republicano entregó un edificio recientemente construido para albergar originalmente una escuela industrial. En un primer momento, el recinto iba a contar con 125 camas, pero dadas las necesidades, se amplió su espacio y se instalaron alrededor de 700. Gracias al compromiso del SHfS y la LO, se enviaron 26 ambulancias y gran cantidad de material sanitario. Desde Suecia se remitió principalmente el material quirúrgico mientras que desde Noruega se enviaron camas, alimentos, medicinas y otros bienes.

Durante los primeros meses, el hospital estuvo a cargo del personal sanitario proveniente de ambos países escandinavos. Su equipo estaba formado por un total de 30 profesionales, entre los cuales había cirujanos, médicos, y enfermeras. En agosto de 1937 el lugar fue traspasado al Ministerio de Sanidad de la República y la mayor parte del personal regresó a su patria. El responsable del hospital fue el doctor Nils Silfverskiöld, uno de los fundadores del SHfS, uno de los más conocidos ortopedas de Suecia.

Al marcharse, dejaron el hospital de sangre -para entonces con casi 1.000 camas- en manos del prestigioso doctor Manuel Bastos Ansart, pasando a denominarse Hospital Militar Base. Estuvo en activo hasta octubre de 1938, cuando fue bombardeado. El hospital prestó importantes servicios hasta octubre de 1938, momento en el que fue bombardeado por aviones italianos y tuvo que ser abandonado a consecuencia de los graves daños sufridos en el edificio61. Este suceso fue recogido por la prensa sueca pero el Ministerio de Asuntos Exteriores en Estocolmo impidió que se denunciara a los responsables directos de su destrucción para evitar incidentes diplomáticos con Italia y también, en definitiva, con Franco, dado que era fácil pronosticar el resultado de la guerra.

Además del hospital de Alcoy, se crearon varios orfanatos en Francia y en España para acoger a los niños huérfanos de la guerra. En el país galo se fundaron un total de diez centros distribuidos por todo el territorio nacional, entre los cuales se puede mencionar a los castillos de Brévière y de Châtenay-Malabry. El primero de ellos fue cedido gratuitamente por sus propietarios, Siri y Olof Aschberg, una pareja de ciudadanos suecos con grandes recursos económicos. Una parte del personal estuvo compuesto por profesionales del país escandinavo. En España se fundaron únicamente dos. Los niños que lograban escapar de los bombardeos y también aquellos que se quedaban sin hogar tras el avance de las tropas franquistas se fueron agrupando en estos centros. Para su manutención se necesitó la colaboración de padres adoptivos, los cuales donaban desde Suecia alrededor de 55 coronas mensuales para quienes estaban albergados en Francia, y 40 coronas para los que estaban en España. Además, se enviaron alimentos y ropa, en su mayoría diseñada y tejida por mujeres suecas.

La gran mayoría de los costes fueron asumidos por los distintos comités locales del SHfS aunque también colaboraron distintos grupos y asociaciones, como el sindicato de Scania-Vabis de la ciudad de Södertälje, y las trabajadoras del monopolio del tabaco. A su vez, los niños remitieron cartas y dibujos de agradecimiento a sus padres adoptivos de Suecia. Una buena parte de este material se presentó en una exposición en Estocolmo que llevó el título de “Nuestros hijos españoles”, donde se mostraron algunos de sus bienes personales y artesanales realizados como muestra de agradecimiento, que incluían expresiones como “Viva Suecia”66. Las estimaciones oficiales hablan de 1.200 niños españoles bajo protección sueca en Francia para el 1 de septiembre de 1939.

«Cuando suecos y noruegos salvaron vidas en España». El Mundo, 13/10/2011. «Los informes, las cartas y el diario que el director médico del hospital escribió durante su estancia en Alcoy han puesto al descubierto la parte más humana de esta historia de solidaridad», señala el propio autor, cuya obra se completa a partir de abundante material gráfico, en algunos casos inédito: Ángel Beneito y Jon Olav Myklebust: Escandinavos en Alcoi: solidaridad internacional en tiempo de guerra. 2011. El de ahora se basa en «las memorias y vivencias que escribieron tres médicos noruegos que estuvieron en el hospital» alcoyano, tal y como explica el coautor. También se construye a partir de la correspondencia con el Comité de Ayuda que permitió la puesta en marcha del hospital y del diario del director médico. Unos testimonios inéditos, de vital importancia para comprender lo que realmente significó el Hospital Sueco Noruego, tanto para la población civil y los soldados locales, como para el personal escandinavo desplazado.