Gabriel Dafonte

18 julio 1936-31 agosto 1938. Dafonte
1 septiembre 1938-mayo 1939. Torata. A finales de agosto de 1938, Fernando Valdés, Conde de Torata, sustituyó a Gabriel Dafonte como representante de la España de Franco en Suecia. El 5 de septiembre tomó posesión del archivo de la representación. Venía de Inglaterra, donde había trabajado a las órdenes del Duque de Alba, representante de Franco en Londres.
mayo 1939. Nuevo embajador.

Entre el 18 de julio de 1936 y el 8 de agosto de ese año continuó presidiendo la Legación de España en Estocolmo su titular, Alfonso Fiscowich Gullón. En esas semanas, su única aportación a la República fue la comunicación a las autoridades suecas de la declaración por las republicanas españolas de un buque español, en manos de los militares rebeldes, como barco pirata. El 27 de julio afirmaba su lealtad y la de la “totalidad funcionarios mis órdenes” a la República: El secretario Oyarzabal, el Agregado comercial Viada y el secretario comercial Dafonte. Ninguno de ellos mantendría esa lealtad por mucho tiempo. El 31 de julio de 1936, Fiscowich fue nombrado, por el gobierno republicano español, Encargado de Negocios en Berlín, pero el 8 de agosto retiró su lealtad a la República y el 11 de ese mes se adhirió al bando franquista.

Gabriel Dafonte era secretario comercial. Lograron permanecer en el recinto diplomático hasta enero de 1937, cuando Isabel de Palencia logró recuperar para su gobierno este espacio. Daconte se convirtió en el representante oficioso en Suecia del gobierno de Burgos. Al igual que sucedió en otros países escandinavos, como Noruega y, posteriormente, Dinamarca, la Asociación de Exportadores (Exportföreningen) quiso establecer un intercambio con Burgos. Dafonte se encargó de hacer de intermediario entre el empresariado sueco y el bando nacional. A su vez, la Asociación de Exportadores comenzó a presionar al gobierno para que autorizara las relaciones comerciales con Franco, estrategia muy criticada y condenada por los defensores de la República y por la propia Isabel de Palencia.

En septiembre de 1938 Dafonte fue sustituido por Fernando Valdés, conde de Torata, quien continuó con sus esfuerzos para lograr que Suecia estableciera relaciones comerciales con los nacionales. Durante los meses posteriores, varios países europeos formalizaron sus relaciones con Burgos, entre los cuales se encontraban los Países Bajos y Finlandia. Asesorados por el conde de Torata, los empresarios suecos presionaron al gobierno con el argumento de que la guerra llegaría a su fin, y pronto Franco necesitaría importar toda clase de productos de manera masiva para reconstruir el país. El gobierno socialdemócrata entendió que era una oportunidad que no podía desaprovechar, y, por lo tanto, inició las negociaciones con la junta de Burgos.

En noviembre de 1938 (hasta abril del 39) el gobierno socialdemócrata designó un representante dentro del territorio controlado por Franco, aunque estaba ya trabajando de manera no oficial desde agosto del mismo año. Fue en parte el resultado de la petición que se venía realizando por la asociación de empresarios desde diciembre del año anterior. Una misión encabezada por Nils Fredrik Hampus Berencreutz (que había sido Secretario de la Legación en Madrid bajo Ivan Danielsson en los años veinte y luego sería Embajador sueco en España entre 1948 y 1951) se reunió con la cúpula franquista para negociar las distintas cláusulas del acuerdo que finalmente se firmó en enero de 1939. La embajadora de la República, Isabel de Palencia, expresó su indignación al gobierno socialdemócrata, pero se le contestó que Suecia debía ante todo velar por sus intereses dentro de la España Nacional, pero que, a su vez, el convenio no significaba el reconocimiento oficial del gobierno franquista. Sólo se materializó este último después de la victoria final por parte de las tropas nacionales el 1 de abril de 1939.

A partir de abril de 1939 Karl Ivan Westman, hermano de un conocido Ministro del gobierno de Suecia. Lennart Petri, que más tarde sería el primer Embajador sueco en Madrid tras la muerte de Franco, recogió sus experiencias sobre estos períodos en sus memorias.

La Legación de Suecia en Madrid Los ministros plenipotenciarios de Suecia en España

En carta a su colega en Noruega, Campuzano, también al servicio de la España de Franco, contaba Dafonte las dificultades que tenía para recibir telegramas y cartas, ya que

Doña Pendón 1 había dado orden de que todo lo que fuese a su oficina, en su nombre sueco o español, le fuera entregado.

Dafonte amenazó a las autoridades suecas de Correos y Telégrafos con acudir a los tribunales si no le entregaban correspondencia dirigida a su nombre a la Secretaría comercial de España. Al final, adoptaron éstas la decisión de preguntar a los interesados, antes de entregar la correspondencia, a cual de los representantes comerciales iba dirigida, al republicano o al franquista, lo que Dafonte calificó de “una solución salomónica, y por tanto judía”, cfr. AGA 54/5290 carta de Dafonte a Campuzano de 20.V.1937. Aparte de la burda expresión antisemita referida, contenía la carta otras palabras soeces y ofensivas.

Despacho del representante franquista Gabriel Dafonte de julio de 1938, preguntando sobre un presunto viaje a España de ciertos militares suecos bajo la pretensión de ser delegados de la Cruz Roja, burlando así la prohibicion de las autoridades de Burgos al denegar éstas la solicitud del capitán Patrik Gyllenhammar. Este hecho, sin embargo, fue desmentido por el Cuartel General de Franco.

Por partida doble, a través de Åkerman en San Sebastián y Dafonte en Estocolmo, comenzaron las gestiones destinadas a conseguir un reconocimiento oficial, al menos a nivel de intercambio de agentes, entre Suecia y la España de Franco.

A finales de agosto de 1938, Fernando Valdés, Conde de Torata, sustituyó a Gabriel Dafonte como representante de la España de Franco en Suecia. El 5 de septiembre tomó posesión del archivo de la representación. Venía de Inglaterra, donde había trabajado a las órdenes del Duque de Alba, representante de Franco en Londres.

Dentro de las actividades de propaganda y contra-propaganda, merece destacarse también el aprovechamiento de la ausencia temporal de Isabel de Palencia – en misión puntual ante la Sociedad de Naciones en Ginebra – hecho por Dafonte en la prensa sueca, presentándolo como una marcha definitiva de Estocolmo de la Ministra. Asimismo, fue un triunfo propagandístico la asistencia de un representante de la Sociedad Española de Autores y Compositores, llamado Morcillo, al Congreso de la Confederación Internacional de esas organizaciones, en lugar de Isabel de Palencia, que se quejaba del hecho diciendo que Morcillo “ de paso hacía la apología del rebelde Franco” y
que, en ese foro, la causa republicana sólo podía ser defendida por Francia, “y eso con la falta de entusiasmo que desde la guerra ponen a veces sus representantes en mantener nuestros derechos cuando se trata de asuntos crematísticos”.

En el verano de 1938, la empresa Norddeutscher Lloyds Svenska Aktiebolag en colaboración con el diario conservador Svenska Dagbladet organizó un viaje turístico sueco a la España franquista, hecho insólito sin parangón en la zona republicana. El Ministerio sueco de Negocios Extranjeros no tuvo inconveniente en autorizar el viaje si los suecos interesados obtenían visado de la representación franquista. Fue el último asunto en que estuvo implicado Dafonte, que abandonó Suecia para trasladarse a Bilbao y trabajar en el ministerio franquista de comercio e industria.

  1. calificativo ofensivo con el que designaba a Isabel de Palencia