Archivo de la categoría: Miradas

La la la (1968) de Massiel #nordicovers

La versión danesa corre a cargo de Gitte Haenning (Dinamarca, 1968)


La versión sueca se debe a Annikas, con letra de Bengt Haslum.

Min grandvar alltid så dyster,
nu strålar den av ljus
Med ens hör jag fåglarna sjunga,
det kvittrar från alla hus.

Och var jag går på stan.
folk småler mot mej,
och hela tiden jag sjunger
på min lycko låt om dej

La la la la
jag är jublande glad
jag går och tänker på dej
La la la la
du är min
bara min
snart ska du vara hos mej

Vi har det så fint tillsammans,
vi talar samma språk.
En dag så ska det bli bröllop,
då flyttar du till min kåk.

Så mysigt och så rart
med dela kryp in
att alltid få vara tillsammans
i en värld som är din och min!

La la la la
jag är jublande glad
jag går och tänker på dej
La la la la
du är min
bara min
snart ska du vara hos mej

Exposición contra Franco en Estocolmo (1965)

El 1 de mayo de 1965 el Liberala studentklubben inauguró en la Galleri Observatorium una exposición contra el garrote vil y el régimen franquista.

Kontrasten till den turistikt inbjudande bodegafasaden med vimplar och vinflaskor utanför pa trottoaren kan knappast bli större än det Spanien man möter när man väl kommer in i galleriet – Spanien bakom turistaffischerna.

Obra de Sigvard Olsson, Börje Lindberg y Karl-Olov Björk. Las paredes pintadas de negro. El efecto se persigue con un montaje de collages, fotos, imágenes, textos, o pequeños detalles sin comentario que por ello son más brutales.

En medio de la galería se encuentra una gran historia pomposa, una habitación dentro de una habitación, decorada con todos los atributos del implacable barroco español en oro y enfermizo rojo cardenalicio. La habitación tiene una mirilla en forma de ojo: si miras dentro, ves una camisa ensangrentada.
Sorprenden las alusiones a la Inquisición, hasta que uno recuerda que la Inquisición en toda su crueldad inhumana sigue viva. Un garrote vil cercano lo recuerda, junto a un texto con la definición sucinta del el Gran Larousse, lo que lo hace aún más espantoso.

Un retrato de Franco aparece pintado con unas formas espirales colgantes.

En la sección militar se oye un ruido metálico y cacofónico, se oyen pisadas de botas, todo ello con poemas de Åke Hodell.

Exposición de libros y revistas clandestinos en Suecia a cargo de Kjell A. Johansson.

Poemas noruegos (y traducciones) de Efrén Rebolledo

Cristianía, noviembre 8 de 1919

Sr. Lic. D. Julio Torri
Oficial Mayor del Gobierno del Distrito
México.

Querido Julio: Muchas gracias por los recortes que me enviaste con tu grata de 2 de octubre que hasta ahora contesto porque el frío que hace descender el termómetro a ocho grados bajo cero ha aumentado mi natural pereza. Te hago justicia diciéndote que eres uno de los raros mexicanos que contesta cuando se les escribe.
A poco de escribir tu carta leí en la prensa la noticia de tu ascenso a Oficial mayor y aunque ya lo esperaba me dio mucho gusto, que ahora te expreso enviándote mis más sinceras felicitaciones.
Vivo en un hotel en el campo, pues los hoteles en la ciudad son muy caros y es imposible encontrar un apartamiento por un precio razonable. Aquí en Holmsberg donde me tienen a tus órdenes llevo una vida muy quieta, en compañía del encargado de Negocios de Cuba, del de Dinamarca, del agregado a la legación de Polonia y de otros huéspedes, todos agradables con quienes hago paseos en la montaña y juego al bridge en la noche. Hay una señora que para mi tormento y mi dicha es mi vecina que ilumina con su belleza los sombríos pinares de Skaadalen. No cesa de reírse ni de fumar, y por la noche que está escotada y abrigada con pieles espléndidas causa una admiración cercana del éxtasis.
He comenzado a hacer los deportes noruegos. Hace días un muchacho noruego me invitó a dar un paseo en trineo y bajamos con una velocidad vertiginosa el Corket trekect, «El tirabuzón», una cuesta de una pendiente muy pronunciada y con muchas vueltas que le han valido su nombre pintoresco.
En Cristianía no hay mucho que ver. Todavía no me hago comprender en noruego, y con una temperatura de ocho o más grados bajo cero no me animo a dejar el salón de Holmsberg donde crepita un fuego festivo y reina la señora Jacobi.
Te incluyo tres poemas que puedes publicar en el periódico que gustes, rogándote me mandes los recortes.
Te saluda y te abraza cariñosamente, tu amigo,
Efrén Rebolledo

Revista de revistas (4 enero 1920)
En camino
Ayer era el Japón de encantos tropicales
el que me seducía con su rara hermosura,
hoy es Noruega, donde las auroras boreales
iluminan la nieve de inviolada blancura.

Revista de revistas (1 febrero 1920)
«Aurora boreal»

Nocturno

Cimas de la Rondana
Raso en los plenilunios, plata bajo la gloria
del sol, guías constantes de nuestra caravana,
grabados para siempre quedáis en mi memoria,
picos del Jotunheim, cimas de la Rondana.

Por las suaves laderas de alabastro luciente
que recuerdan las líneas de los hombres nevados,
camino contra el viento que refresca mi frente,
con mis largos patines y mis leves cayados.

Valquirias de ojos zarcos, hadas de blondo pelo,
que animáis el albor de la yerma llanura,
ya los soles de Pascua colmaron vuestro anhelo,
quemando con sus rayos vuestra láctea blancura.

En la huta pequeña y tibia como un nido,
bellas manos sazonan deliciosos manjares,
y mirando las llamas del hogar encendido,
dejo correr las horas de las noches polares.

Mod snelandets hytter… (Ibsen)
De la playa que al sol reverbera
a las hutas del Norte nevado,
cada noche en rápida carrera
se encamina un jinete enlutado.

El eider (Ibsen)

En la fría Noruega, bajo el cinéreo domo
del cielo, mora el eider en el golfo de plomo.

Y en su buche privando del plumaje mullido
construye con paciencia un tibio y blanco nido.

El pescador que tiene cual piedra el corazón
despoja el blanco asilo del precioso plumón.

Pero si el hombre es duro es amorosa el ave
y otra vez de su cuerpo quita el copo suave.

Si de nuevo el tesoro de sus plumajes sutiles
pierde, labra otro nicho en los rudos cantiles.

Y si también le hurtan su riqueza postrera
abre las alas una noche de primavera.

Y hacia el sur, hacia el sur brillante se encamina
con su llagado pecho rasgando la neblina.

Alonso de Castillo Solórzano: «La quinta de Laura» (1649)

La quinta de Laura es una colección póstuma de novelas cortas de Alonso de Castillo Solórzano, el autor de relatos breves más prolífico del siglo XVII. Compuso cincuenta y seis novelas cortas que se publicaron, de forma casi ininterrumpida, entre 1625 y 1649. Su abundante producción le convierte en uno de los representantes más significativos del género en España.

Siguiendo el modelo del Decamerón de Boccaccio, La quinta de Laura reúne a la hija del conde Anselmo y a sus damas de compañía que la entretienen narrando por turno una historia. Sus relatos, tan amenos como diversos, ofrecen una imagen variada de la feminidad, alternando las representaciones estereotipadas y convencionales con otras que se alejan del modelo vigente en la
sociedad española del Siglo de Oro.

En el relato «La inclinación española», se narra el conflicto dinástico armado -tras la muerte de Éric XIV- por el trono de Suecia entre el destronado Segismundo (de allí el nombre del héroe de La vida es sueño), aún rey de Polonia -desterrado de Suecia en su infancia- y su tío paterno Carlos, entonces rey de Suecia, que había usurpado el trono apoyándose en argumentos religiosos (Segismundo, retoño de Juan III y Catalina de Jagellón, era de familia católica y medio polaco). A pesar de que a Carlos IX se le trata de «rey de Suecia» en la novela, es presentado como hereje, usurpador y caudillo del ejército enemigo, instando al lector a tomar, como los protagonistas polacos y españoles, el partido del legítimo heredero injustamente destronado. Pero lo más contundente es que se trata de una novela en clave (roman à clef), en que el personaje llamado Carlos es un joven oficial castellano (¡bautizado en honor a Carlos V!), mientras el «rey de Suecia» enemigo, el hereje usurpador, atiende por Floriseo, y, en una escena de obvio cumplimiento de deseos, es hecho prisionero de los buenos polacos (ya que ni a Carlos IX ni a su hijo mayor Gustavo Adolfo les sucedió este percance). El príncipe heredero sueco no se llama Gustavo Adolfo, sino Felisardo, y es el falso héroe que, a la par que su padre usurpa el trono de Suecia, Felisardo se hace con la identidad de Carlos y con su prometida la infanta polaca, y goza de honras ajenas (de tal palo tal astilla):

Continuóse la guerra, y por no ser largo en referirla por menudo, digo que la última
batalla que se dio, que fue la campal, habiendo peleado los reyes por sus personas, vio el de
Polonia hacer hechos portentosos Carlos. Hallóse el Rey sin caballo, que se le habían muerto, y él apeándose del suyo se le dio, y a fuerza de armas cobró otro, con que se metió por lo más peligroso de la batalla, hiriendo y matando a cuantos topaba hasta llegar a encontrarse con el estandarte real del rey de Suecia, que iba cerca de él; allí, ayudado de solo su valor, se entró por lo peligroso de las armas, y pudo prender al rey Floriseo de Suecia, encomendándole a cuatro soldados que eran de su compañía, y él yendo delante haciendo con su espada lugar hasta que le dejó en puesto seguro en una tienda de su maestre de campo. La batalla tuvo fin con la muerte del rey de Dinamarca, con que el ejército se desbarató y puso en huida, siguiendo el alcance lo que duró el día la gente del Polaco. Con esto se retiraron los de Polonia, y el maestre de campo, a quien se entregó el rey de Suecia preso, quiso ganar las gracias con lo que Carlos había peleado a costa de su sangre; y así, tomando al Rey en su compañía, le llevó a la tienda del de Polonia y se le presentó, diciendo que él por su persona le había preso.
Llegó a besar la mano al Rey, el cual le echó los brazos al cuello, diciendo:
—Bien sea venido el nuevo Aquiles de mi ejército; llegad, Carlos, que así me dicen os
llamáis, que quiero honraros con el cargo que vuestro maestre de campo ha perdido por
ambicioso, pues deseaba quitaros la gloria que vos merecisteis a costa de vuestra sangre, por

haber preso al rey de Suecia; este os doy con cuatro mil escudos de renta.
No permitió el Rey que el de Suecia se alojase fuera de su tienda, y así le tenía en su
compañía, siendo este agasajo algún consuelo para la pena de su prisión. En dos sillas estaban sentados los reyes cuando acertó a venir a la tienda Felisardo, el cual, mientras duró la batalla, ahorrándose de peligros, se había retirado fuera de ella, y desde el lugar que escogió para seguro de su persona vio toda la refriega, y ahora venía entre la tropa de la gente a ver al Rey; pues como entrase en la tienda acertó a poner en él los ojos su padre el de Suecia, el cual, sin poderse contener, se levantó con los brazos abiertos, y se fue para su hijo, diciendo:
—Felisardo mío, en buen hora te vean aquí mis ojos, que tanto han sentido tu ausencia, y
el no saber dónde estabas.
No pudo Felisardo huir el cuerpo a este impensado suceso, y así toda su máquina dio en
tierra, con pedirle al Rey su padre la mano y besársela. Novedad se le hizo al Rey ver el favor
que el de Suecia hacía al que tenía por Carlos, caballero de su corte; y así le preguntó que de
dónde conocía a Carlos.
—A Felisardo dirá vuestra alteza —dijo el sueco—: conózcole de que es el heredero de
mis estados y príncipe de Suecia.
Volvió el polaco con esto al príncipe, y díjole:
—¿Vos no sois Carlos el que yo tuve recluso en una cueva?
—No, Señor, dijo Felisardo, si bien es verdad que en esa cueva me retiré temiendo ser
conocido en vuestra corte, por las diferencias que entre vuestra alteza y mi padre había.
Cenaron los dos reyes y el príncipe Felisardo juntos…
Después vi que el venir a la guerra lo hizo de mala gana, antes procuraba excusarlo
con pedirme el oficio de alcaide de mi alcázar. Aquí sé cuan mal ha probado, pues en esta
batalla última me han informado que infame y encogidamente se retiró de pelear, cuando
todos hicieron su deber en mi servicio. Este joven que he tenido por Carlos ha parecido ser
Felisardo, príncipe de Suecia; él me ha dicho que salió del encerramiento de Carlos, y por no
ser conocido se valió de la astucia de ser tenido por él. A mí bien me pudo engañar, que nunca vi a Carlos, más a ti no puede ser. Yo deseo salir de esta confusión, y para eso te he enviado a llamar. Pues estamos solos, dime la verdad de lo que en esto sabes con claridad, porque de no lo hacer, no tienes segura tu cabeza.
Llevóse (el rey polaco) al rey de Suecia y a su hijo Felisardo consigo, teniéndolos en su
corte en forma de presos, sin salir de un cuarto de su palacio, que era no poca pena para
Felisardo, porque estaba muy deseoso de galantear a la hermosa Sol, con quien deseaba casar, y así le había dado de esto parte al Rey su padre.
En medio de estas felicidades fue el cielo servido de querer llevarse al rey de Polonia.
Dióle una enfermedad en tiempo que los reyes de Dinamarca y Suecia trataban de medios de
paz. Esta se hacía con ofrecerle feudo cada año, y así se concertó. Tenía el enfermo Casimiro
noticia de cuan gran soldado era el rey de Dinamarca, y también la tenía del encogido ánimo
del príncipe de Suecia, y así escogió al primero para yerno suyo, casándole con la segunda
hija; esto dispuso hacer, aunque no lo publicó hasta que vio que su mal se aumentaba,

manifestando los médicos que estaba muy de peligro.
A todo esto no le replicó vasallo, antes todos con mucho gusto se holgaron tener a Carlos
por su rey, el cual, besando la mano a Casimiro, dio la mano a Sol, desposándolos el
arzobispo de Cracovia, que se halló presente: lo mismo hizo el de Dinamarca con Claudomira, y Felisardo con Clarista, que fueron llamados allí para este efecto, estando de ello muy gustoso el rey de Suecia. Apretóse el mal del polaco, con que murió dentro de tres días; hiciéronsele suntuosas exequias, y acabadas, fueron luego jurados por reyes de la Polonia Carlos y Sol, con que los lutos se convirtieron en fiestas; los demás señores se fueron a sus retiros con sus esposas, donde vivieron con mucho contento, y Carlos mucho más, que fue muy valeroso rey.

La «comisión» del capitán Francisco de Eraso a Suecia (1578)

Magdalena de Pazzis Pi Corrales. 1998. «La «comisión» del capitán Francisco de Eraso a Suecia: una posible alternativa al conflicto con Flandes».

El rey Johan II de Suecia quiso una alianza con España. Tramaron un plan para ocupar Copenhague, deportar a los daneses de la capital a las colonias españolas en América y posicionar a españoles en los puestos estratégicos en Dinamarca, para así poder controlar las rutas de comercio entre Europa y las Américas, el Mar Báltico y el Mar del Norte. Las negociaciones entre España y el rey de Suecia fracasaron.

Cecilia Vasa era la hija favorita del rey sueco Gustav Vasa. Cecilia nació en 1540 y por lo que se sabe llevó una vida normal de princesa de su época hasta cumplir los 19 años. En la boda de su hermana mayor conoce al hermano del novio y los dos se enamoran locamente. Tanto que inician una relación a escondidas. En esa época la gente no se casaba por amor sino para crear alianzas entre reinos y familias nobles. Los dos jóvenes tienen las hormonas alborotadas y una noche son descubiertos en la cama de Cecilia. ¡Escándalo nacional!

Cecilia Vasa se había convertido al catolicismo y se entendió muy bien con Eraso. Johan se enfadó y le mandó en arresto domiciliario a Francisco. Le prohibió a Cecilia que tuviera comunicación con Francisco, pero obviamente eso no le impidió a Cecilia organizar una reunión con él. Cecilia fue descubierta y se decretó un busca y captura en toda la ciudad de Estocolmo. Cecilia fue detenida pero quedó impune. Esto para Cecilia ya fue la última gota y decidió que ya no quería seguir viviendo en Suecia.

Poco después de salir Cecilia de territorio sueco fue puesto en libertad Francisco de Eraso. Francisco y Cecilia se encontraron por el camino a Baden y vivieron juntos un tiempo. En 1579 llegó Cecilia al condado de su difunto marido con la intención de recuperar las tierras que le correspondían a ella en herencia. No tuvo mucha suerte en las negociaciones hasta que su hijo mayor, Eduardo Fortunato, fue nombrado margrave / marqués de Baden-Rodemachern en el año 1588.

El escándalo más grande fue sin duda alguna el hecho de quedarse embarazada, varios años después de quedarse viuda. Se supone que el padre de la hija de Cecilia fue Francisco de Eraso. Cecilia quería tener a su hija, pero su hijo Eduardo Fortunato le quitó a la niña nada más nacer y la entregó a un convento de monjas. No se sabe casi nada de la hija de Cecilia. Se hizo monja y eligió el nombre de Charitas. No fue hasta el año 1622 que Cecilia y su hija pudieron conocerse. Cecilia pasó el resto de su vida viajando y con una intensa vida social. Se metió en problemas constantemente por pedir dinero prestado y no devolverlo. Varias veces tuvo que huir de sus acreedores.

Spanska Siw (1970)

Ja, ge mig bara några tango-toner
Små kastanjetter och autentisk dräkt
Sen spricker jag av sydländska passioner
Så starka att publiken blir förskräckt

Servera kraftigt kryddad enchilada
Och rödvin, så jag glömmer tid och rum
Sen vill jag sjunga gång på gång ”Granada”
Då blir jag español i varje tum

Kalla mig för ”Spanska Siw”
Jag bubblar av stört-ilsket liv
Jag stampar min klack, så golvet får hack
Så vild är jag, ”Spanska Siw”

Min far var av finfin familj
Så jag skakar stolt min mantilj
Mer lockande het, än någon magnet
Är jag, ”Spanska Siw”

Buenas dias, vad du heta?
Bésame mucho!
Muchas gracias!
Du gilla mig, ja, nej, kanske?

Svenska gosse, jag vill ge dig ett råd, du förstå
Vill du älska mig blir det ett sjå
Mitt stenhårda krav, du trogen som slav
Eljest du får genast gå

Du ska kunna klara en bolero
Och dansa cha-cha, fast dom spelar vals
Och du ska ha mustascher och sombrero
Om du vill det ska bli nån kärlek alls

Nu känner du mig, ”Spanska Siw”
Så läcker, som en burk oliv
Så argsint och galen och mån om moralen
Caramba och dekorativ

Inte skånska, int’ finska
Ikke danska, nicht tyska
Utan, ”Spanska Siwan”

Si, solo dame unas notas de tango
Castañuelas pequeñas y traje auténtico
Entonces estallé con pasiones sureñas
Tan fuerte que la audiencia está aterrorizada.

Sirva una enchilada muy condimentada
Y vino tinto, así me olvido del tiempo y del espacio
Entonces quiero cantar una y otra vez «Granada»
Entonces me vuelvo español en cada centímetro

Llámame «Siw Español»
Estoy burbujeando con una vida molesta y enojada
Pisoteo mi talón, por lo que el piso se vuelve una muesca
Qué salvaje soy, «Siw español»

mi padre era de una buena familia
Así que orgullosamente sacudo mi manto
Más tentadoramente caliente que cualquier imán
Soy yo, «Siw Español»

¿Buenos días cual es tu nombre?
¡Bésame mucho!
¡Muchos gracias!
Te gusto, si, no, ¿tal vez?

Chico sueco, quiero darte un consejo, ¿entiendes?
Si quieres amarme, es un espectáculo para la vista
Mis demandas duras como una roca, eres fiel como un esclavo
De lo contrario, puedes irte de inmediato.

Deberías poder manejar un bolero.
Y bailan cha-cha, aunque toquen el vals
Y deberías tener bigotes y sombrero
Si quieres que sea amor en absoluto

Ahora me conoces, «Siw Español»
Tan delicioso, como una lata de aceitunas.
Tan enojado y loco y preocupado por la moral
Caramba y decorativa

No escaniano, no finlandés
Ni danés, ni alemán

Juan de Palafox contra los países nórdicos (1631)

Juan de Palafox y Mendoza (Fitero, Navarra, 24.VI.1600 – El Burgo de Osma, Soria, 1.X.1659). Durante un largo viaje que duró dos años, a partir de 1629 y del que se ha conservado un extraordinario Diario del viaje… escrito por él, visitó Italia, Bohemia, Suecia y por los Palatinados llegó hasta Flandes para terminar en Francia, regresando a Madrid en 1631. En su Diálogo político del estado de Alemania y comparación de España con las demás naciones (1631) hace un duro alegato contra los países nórdicos:

Qué hallaréis en Suecia y Noruega, sino una obscuridad y tinieblas, todos herejes, idólatras, hechiceros, pobres, míseros, sin policía ni uso de razón humana; tierras estériles, viviendo en los montes como salvajes fieras

Aún no se había producido la campaña sueca de 1631-1632 en que los españoles pierden la plaza de Frankenthal, bloqueando el «camino español». Esta Suecia ofensiva se va ganando el respeto del Imperio poco a poco, hasta llegar a la rotunda victoria española en la batalla de Nordlingen (1634), que llega el Imperio hasta el Báltico, precisamente cuando Olivares los abandona. Pero el contacto se ha producido.