Brigadas Internacionales. Compañía Branting (1937-1938)

Un grupo de suecos en el frente de Guadarrama (marzo, 1937)

Lista de suecos voluntarios en la Guerra Civil (más de 500 – 530/540 spanienkämpar). XI Brigada Thälmann. Batallón Beimler. Compañía Branting. 1

La entrada de Suecia en el Comité de No Intervención significó la prohibición del alistamiento de ciudadanos suecos en cualquier de los bandos enfrentados en el conflicto. El gobierno sueco inmediatamente cumplió con el acuerdo y para evitar la salida de voluntarios se inhabilitaron los pasaportes para entrar en España o en cualquier de sus territorios africanos. Asimismo, en el caso de que esta medida no tuviera el alcance suficiente, se estableció una sanción para quienes decidieran combatir en forma de una fuerte multa en forma de una fuerte multa e, incluso, de condena a seis meses de cárcel.

A pesar de las medidas gubernamentales, y una vez efectiva la creación de las Brigadas Internacionales por decisión de la Internacional Comunista, el SKP abrió una oficina en el centro de Estocolmo para reclutar voluntarios dispuestos a defender la República española y, a su vez, para gestionar su viaje. El responsable de la oficina fue Knut Olsson, secretario de la Cruz Roja sueca, quien se encargó de los detalles prácticos para llegar hasta París, donde se encontraba la sede internacional del reclutamiento. La capital gala era también el lugar donde se concentraban al llegar en Francia los brigadistas que procedían del norte de Europa. La razón por la cual fue elegida centro de encuentro se debió a la imposibilidad de viajar directamente a España a causa de las prohibiciones vigentes.

La mayoría de los brigadistas suecos salieron en dos grupos. El primero partió a mediados de diciembre de 1936 y el segundo a finales del mes de febrero de 1937. Después de esta última fecha, pocas fueron las personas que se alistaron en las Brigadas Internacionales por el desfavorable transcurso de la guerra para los republicanos y por el alto número de bajas que se registraba entre los voluntarios.

Gösta «Göken» Andersson (Estocolmo, 1911; marinero) ofrece un cuadro anímico en su libro Partisaner (1975):

Solen går upp över fästningen. […] Kaserngården är fylld med alla raser, svarta, gula, vita. Ett gäng schweizare – avundsjukt blänger vi på deras utrustning, skapliga kläder och skor som de kan marschera ända in i helvetet med. Tyskar, en del har illegalt stuckit från Hitler, andra från koncentrationsläger. Engelska kolgruvearbetare, bleka i hyn. Amerikanare, judar dömda till evig förbannelse. Sorlet stiger och sjunker, språkens mångfald ger intryck av fullständig förbistring. Tänker – det blir nog marigt att samordna alla enheter vid fronten, men det är inte snacket som ska avgöra utan bössan som ska tala.

Para llegar a París existían dos recorridos alternativos desde Suecia. La primera opción y la más usual, consistió en embarcarse en el puerto de Gotemburgo y cruzar el mar hacia Dinamarca. Después se navegaba nuevamente hasta Amberes (Bélgica), destino dónde se tomaba el tren hasta París. La segunda vía consistía en cruzar Alemania, pero corrían el riesgo de ser arrestado por la Gestapo, la cual estaba plenamente informada del viaje que realizaban los brigadistas suecos debido a la colaboración de la propia policía secreta sueca. Por lo cual, se les hacían un seguimiento detallado mientras pasaban por su país. No hay constancia de que algún ciudadano sueco fuera arrestado en Alemania, pero algunos individuos fueron obligados a regresar a Suecia.

Una vez en París, los brigadistas salían rumbo a España en grupos de 30 o 40 hombres de distintas nacionalidades. Tras cruzar los Pirineos, se agrupaban en el Castillo de San Fernando de Figueras, en ese momento cuartel de las Brigadas Internacionales. La casi totalidad de los voluntarios suecos habían realizado el servicio militar obligatorio y, por ende, tenían conocimiento del manejo de armas, hecho que facilitó su incorporación en el frente. Del mismo modo, tanto por su formación militar como por su nivel educativo, algunos suecos fueron nombrados oficiales de medio rango.

Las cartas que enviaban los brigadistas suecos a sus familiares y amigos son de gran relevancia para conocer los pormenores de la vida en el frente. A modo de ejemplo, se pueden leer las cartas que escribió el voluntario Bengt Segerson a su hermano, las cuales han sido publicadas recientemente. Jonas Sjöstedt, Brev till en broder! Lund, Svenska Spanienfrivilligas Vänner, 2009.

Una vez en España, los voluntarios suecos ingresaron en la XI Brigada Internacional, compuesta mayoritariamente por alemanes, austriacos y otros escandinavos. Fueron distribuidos entre el batallón Thälmann, en la cual formaban la compañía Georg Branting, y en menor número en el batallón Hans Beimler. El líder del grupo de escandinavos fue Holger Ekström, marinero de Gotemburgo de 37 años, quien poco antes de su muerte, en marzo de 1937, ascendió a comandante, el grado más elevado entre los brigadistas suecos. El último jefe de la compañía fue Herman Wohlin. Algunos voluntarios suecos que residían en otros países en el momento del alistamiento participaron en batallones organizados en función a otras nacionalidades, al ejemplo del estadounidense Abraham Lincoln, del canadiense Mackenzie Papineau o del alemán Edger André.

Algunos anarcosindicalistas suecos se alistaron en la compañía internacional Erich Mühsam, donde predominaban los alemanes.

En acción
Las principales batallas en las que participaron fueron las de Jarama, Brunete, Guadalajara, Teruel, Aragón y del Ebro. Los escandinavos, con el fin de aprovechar el tiempo en la retaguardia, formaron un club que organizaba cursos de español y prestaba libros en los distintos idiomas autóctonos. Folke Olsson, op. cit., p. 182.

En la batalla del Jarama (febrero 1937) murieron 28 suecos, 32 heridos y seis prisioneros. Entre los caídos se encontraba Ragnar Skotte (Estocolmo, 1900), y entre los heridos de gravedad estaba su sucesor Skoglar Tidström (Gävle, 1890), que falleció posteriormente en un hospital de Murcia.

Luego participaron en la batalla de Guadalajara. Cayeron doce suecos y unos veinte resultaron heridos, la mitad de ellos de gravedad. El único analgésico que estaba disponible en muchos casos era el llamado Thälmanngrogg, que consistía en partes iguales de leche y brandy.

La última gran batalla con participación sueca, unos ochenta hombres, tuvo lugar en el río Ebro, en el verano de 1938. Esta vez fue el bando gubernamental el que pasó a la ofensiva para recuperar el control de Cataluña y la zona sur de ella. La batalla del Ebro no solo fue la última, sino también la que más pérdidas generó para los suecos durante la Guerra Civil española. La mitad de ellos cayó, incluido el último jefe de Georg Branting Company, el capitán Karl Ernstedt. Cumplió 24 años. Unos meses después de la Batalla del Ebro, el presidente del Gobierno español, Juan Negrín, anunció que las brigadas internacionales serían retiradas del combate y disueltas.

Los últimos suecos cruzaron la frontera hispano-francesa de regreso a casa en febrero de 1939. Dos meses después, Franco era el vencedor de la Guerra Civil. 
La cifra total de los voluntarios suecos que se alistaron en las Brigadas Internacionales todavía es incierta. El número que mencionan los trabajos académicos más serios oscila entre los 550 y los 501, pero no se incluye a quienes llegaron desde otros territorios que Suecia. Si se considera la cifra más alta, el porcentaje sueco dentro del total sería tan sólo 1,57 %, lo que confirma que su grado de representación entre los 35.000 brigadistas que aproximadamente lucharon en España fue sumamente pequeño. Sin embargo, resultó ser una participación notable si se toma en cuenta el tamaño reducido de la población sueca. Cabe destacar que alrededor de un tercio del total de combatientes suecos murieron en el frente. El número de difuntos estimado por los distintos autores tampoco coincide de uno a otro. Por un lado, se habla de 180 bajas mientras que, por el otro, oscilaría entre 129 y 177. En cualquier caso, cabe destacar que la Guerra Civil española fue la contienda que ocasionó el nivel de pérdidas más alto de ciudadanos suecos en toda la era contemporánea según las cifras de participación. Además, con relación al total de los voluntarios escandinavos, que suma entre 1.231 y 1.455 personas, el porcentaje de suecos fue alrededor del 40%.

La gran mayoría de los brigadistas eran militantes o simpatizantes de los partidos comunistas de sus respectivos países, y en número mucho menor de otras organizaciones políticas. Por lo general, se trataba de personas que procedían de la clase trabajadora, si bien es cierto que algunos intelectuales también se alistaron puntualmente. Los voluntarios suecos procedían en un 95 % del proletariado, de los cuales un tercio eran marineros92 y el resto obreros del sector metalúrgico, de la minería, del transporte o de distintos sectores industriales. De Estocolmo llegaron 117 voluntarios y 71 de Gotemburgo, y en menor número otros de Örebro y de las provincias de Östergötland y Västernorrland94. La edad media de los combatientes suecos fue de 28 años, es decir bastante elevada en relación con los otros brigadistas. El promedio de su estancia fue de 12 meses, aunque algunos voluntarios se quedaron en España más de dos años, esencialmente los prisioneros de las tropas franquistas y posteriormente trasladados a distintas cárceles, donde estuvieron recluidos hasta meses después de la guerra96.

Dadas las dificultades económicas de los brigadistas suecos, en octubre de 1937, el SHfS comunista estableció el Fondo de Apoyo a los luchadores del Frente (Frontkämparnas stödfond) destinado a cubrir los gastos de abastecimiento durante su estancia en España. Además, con el dinero recaudado se costearon los gastos del viaje de regreso y también se les pagó la atención médica cuando volvieron a Suecia. La Junta Directiva del Fondo de Apoyo estaba formada por conocidos brigadistas suecos, repatriados tras haber sido heridos en batalla. No contaba con el apoyo ni de las juventudes socialdemócratas ni del sindicato LO. Con todo, ellos fueron los que trajeron de vuelta al último contingente de voluntarios suecos en diciembre de 1938.

Este tardío contingente llegó a Malmö [Dunkerke-Esbjerg-Copenhague-Malmö] en la noche del 7-8 de diciembre de 1938, formado por 174 brigadistas suecos, 6 alemanes y 22 finlandeses. Se los recibió como héroes del movimiento obrero sueco por parte de cientos de personas, y se les dio dinero de las colectas. Knut Olsson les dedicó unas palabras en la estación de Gotemburgo. El 11 de diciembre llegaron a la estación de Estocolmo, donde fueron recibidos entusiasticamente. Allí estaba Isabel de Palencia. Se les llevó hasta Östermalmstorg al compás de la Internacional.

Vuelta a Suecia (diciembre 1938-1940)
Una vez que el gobierno de Juan Negrín decidió retirar las Brigadas Internacionales de España, se creó la Comisión Internacional para la Retirada de Voluntarios compuesta de agregados de varios países, entre los cuales se encontraban representantes suecos y funcionarios de la Sociedad de Naciones. Este organismo fue responsable de velar al cumplimiento efectivo de la orden del presidente de la República. A partir de ese momento, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia y el SHfS empezaron a organizar el regreso definitivo de los brigadistas. A pesar de que la ley aprobada al comienzo del estallido de la rebelión contemplaba multas y penas de cárcel para quienes combatieran en España, ningún brigadista fue condenado gracias a que finalmente el gobierno optó por decretar la amnistía.

El primer grupo de brigadistas regresó a Suecia en diciembre de 1938 y estaba compuesto por cerca de 180 hombres incluyendo finlandeses y alemanes que no podían entrar en su patria. Cuando llegaron a Malmö, primera ciudad sueca en la que desembarcaron, unas 4.000 personas les recibieron como héroes. Al llegar a la estación de tren de Estocolmo unos días más tarde, 8.000 personas se congregaron para rendir homenaje, entre ellos Isabel de Palencia y Georg Branting. El resto de los excombatientes, aproximadamente 130 individuos, regresaron a Suecia en grupos reducidos a lo largo del año 1939. El último grupo logró volver en mayo de 1940 tras la puesta en libertad de los últimos voluntarios suecos que habían permanecido presos en las cárceles franquistas.

Reincorporación a la vida civil
Su reincorporación a la vida cotidiana en Suecia no fue fácil por razones obvias, sin contar las heridas de guerra y las secuelas psicológicas. Buena parte de los excombatientes volvieron a sus ocupaciones anteriores, aunque en algunos casos no fue posible porque los gerentes y/o dueños de las empresas eran simpatizantes del bando franquista, permaneciendo así desempleados durante meses. Los que sufrieron de dificultades económicas tuvieron que pedir ayuda a los fondos de solidaridad de los sindicatos. Se creó, asimismo, en abril de 1939, la Liga de los Combatientes Suecos del Frente (Svenska frontkämpeförbundet) para que los ex brigadistas pudieran apoyarse mutuamente y también para que se estudiasen nuevas estrategias afín de derrocar al régimen franquista. Cabe destacar que un núcleo importante de ex brigadistas se reincorporó en la marina mercante de Suecia, cuyos barcos también fueron torpedeados ocasionalmente por los submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Dado que varias decenas de voluntarios pagaron su compromiso en la lucha antifascista con su vida, poco se sabe actualmente de su participación en la guerra de España.

Una vez que estalló la Segunda Guerra Mundial, varios ex brigadistas ingresaron en los grupos de resistencia contra los nazis en países vecinos, como Noruega y Dinamarca, así como en ambos lados del frente en la Guerra de Invierno entre Finlandia y la Unión Soviética tras el ataque del Ejército rojo en noviembre de 1939. Durante este conflicto, el SKP fue espiado por la SÄPO, la policía secreta sueca, ante el temor de una posible colaboración con los soviéticos. Por la misma razón, el gobierno declaró ilegal la prensa comunista y abrió varios campos de trabajo en los que se internó a militantes comunistas. Entre veinte y treinta ex brigadistas fueron confinados en estos recintos hasta el verano de 1943, fecha en que la guerra giró favorablemente para los aliados. No obstante, incluso después de la Segunda Guerra Mundial los excombatientes continuaron siendo sospechosos de traición dentro del contexto político de la Guerra Fría.

Para finales de los años cuarenta, la experiencia de los ex brigadistas estaba ya prácticamente olvidada, y no gozaban de ningún tipo de reconocimiento por su labor. A pesar de ello, la Liga de los Soldados Suecos del Frente sufrió un proceso de transformación, de forma que a comienzos de la década de los años cincuenta cambió su nombre por el de la Asociación de Camaradas de Voluntarios suecos en España (Svenska Spanienfrivilligar Kamratförening)107. Su renacer ocurrió en la década de los años sesenta, cuando la juventud sueca más comprometida empezó a interesarse por el desarrollo político de las naciones oprimidas, sean por dictadores o por las potencias coloniales, o dominadas por los intereses económicos estadounidenses. En aquel periodo también se inició un debate sobre la responsabilidad de los turistas suecos por su apoyo financiero indirecto al régimen franquista.

Memoria
En el año 1963 se editó en Estocolmo el disco “Canciones de la resistencia española”.

Entre 1963 y 1994, los ex combatientes publicaron una revista llamada För ett Fritt Spanien (Por una España libre) (la revista fue subvencionada por el Partido Socialdemócrata, la directiva del Partido de Izquierdas, El Fondo Conmemorativo Olof Palme, el sindicato de los marinos suecos, el sindicato de los grafistas y la Imprenta Norstedts. En: Svenska Spanienfrivilligas Kamratförening, För ett fritt Spanien, op. cit., p. 5). Además de ofrecer un apoyo moral importante a la oposición antifranquista, centraron sus tareas en la denuncia de las atrocidades por el estado español, en la elaboración de estrategias de desestabilización junto con la Fédération Internationale des Résistants (FIR), y en la ayuda a las víctimas y familiares de la represión, para lo cual se enviaron recursos económicos y materiales. Además, consideraron los ex brigadistas importante continuar organizando actividades de solidaridad para que la oposición a la dictadura se percatara de que su causa podía contar con un sostén exterior. Con el fin de lograr la mayor difusión posible, la asociación planificó numerosos eventos culturales, para lo cual, se estableció nexos con artistas contemporáneos, galerías de arte, y salas de exhibición, en las que se presentaron obras inspiradas por la situación política española, como carteles, litografías y cuadros. Simultáneamente se realizaron conciertos y recitales en los que participaron cantantes y poetas suecos y españoles.

En estos años, el SAP también fue sumamente activo en la solidaridad con España, lo que favoreció un acercamiento entre los excombatientes y la socialdemocracia. El primer ministro Olof Palme condenó públicamente las ejecuciones de prisioneros políticos, especialmente los últimos fusilamientos de septiembre de 1975, momento en que declaró lo siguiente:

Discurso emitido por Olof Palme durante el congreso del SAP del 28 de septiembre de 1975.

Los fascistas en Europa trataron de suprimir la socialdemocracia con violencia. ¿Qué podía suponer una amenaza más peligrosa para una dictadura que un movimiento que encarrila grandes masas de gente alrededor de ideas progresistas ? Cuando los nazis salieron victoriosos, incontables socialdemócratas tuvieron que sacrificar sus vidas, fueron llevados a campos de concentración o tuvieron que salir al exilio porque se negaron a dejar sus convicciones democráticas. Después regresaron para reconstruir sus países. Lo fantástico es que ello todavía continúa y que los asesinos del demonio siguen haciendo de las suyas. Para la juventud de la generación de la década de los años treinta, la Guerra Civil española fue una experiencia que todavía tiene presente, la cual configuró su imagen del mundo y les estimuló un gran compromiso político. La Guerra Civil tuvo para ellos el mismo significado que Vietnam para los jóvenes de los años sesenta. Esto, recuerdo, fue hace cuarenta años. Ahora el régimen se acerca a su fin. Todos sabemos lo que se va a decir cuando caiga : El fascismo más vergonzoso y humillante tomó el poder en España a finales de los años treinta. Por casi cuarenta años ha estado angustiando al pueblo español. También va a caer de la manera más humillante y vergonzosa, y el juicio histórico será despiadadamente duro con el régimen fascista de Franco. Esto lo sabemos y, sin embargo, todavía permanece hoy.

Karl Ernstedt, Gunnar Johansson och Gösta Andersson.

Durante la década de los años sesenta, los ex brigadistas también mantuvieron estrechas relaciones con los militantes del Partido Comunista de España residentes en Estocolmo, especialmente desde 1965, año de fundación del Club de los Cronopios, una asociación cultural española que contaba con un restaurante español, una biblioteca y una sala de eventos. Según Francisco J. Uriz, uno de sus fundadores, el club se creó “para mantener así el contacto con España y sobre todo para crear un ambiente propicio para el reclutamiento de nuevos militantes”. Los primeros españoles residentes en Suecia que establecieron una relación cercana y permanente con los brigadistas suecos fueron Marina Torres y Francisco J. Uriz en 1961. En las memorias de Uriz aparece detalladamente el primer encuentro que tuvieron con ellos : “Nos recibieron como una aparición –creo que hasta nos tocaban para cerciorarse de que éramos reales–. Unos españoles jóvenes… ¡que no eran franquistas ! Su esfuerzo en la guerra no había sido vano. Renacía la esperanza. Para nosotros eran nuestra historia, la que nos habían escamoteado. Nos sentamos a tomar café con la historia. Desde entonces tuvimos mucha relación con los brigadistas –de nadie aprendimos tanta solidaridad como de ellos–. En Francisco J. Uriz, Pasó lo que recuerdas, Zaragoza, Ibercaja/ Biblioteca Aragonesa de Cultura 2006, p. 38.

En 1977 se levantó en Estocolmo el monumento La Mano en homenaje a los brigadistas suecos que lucharon en territorio español por iniciativa del SAP, el cual controlaba la alcaldía de la ciudad. La idea contó con el apoyo de los restantes partidos de izquierda, pero recibió la crítica de la derecha política.

En estos años, los ex brigadistas también participaron en el movimiento de solidaridad con otros pueblos del mundo, especialmente los que vivían una situación similar a la española, como ocurrió en varios países de América Latina. El documento de despedida de la asociación del 11 de junio de 1994, redactado durante la reunión de clausura, terminaba con el siguiente párrafo :

Los recursos con los que contaba la asociación fueron repartidos entre distintos proyectos de solid (…)

Cuando hoy día tomamos la decisión de dar por término a nuestra asociación fue con la conciencia de que el trabajo de solidaridad contemporáneo está conducido por nuevas fuerzas. Por encima de todo, nos alegramos profundamente de que son los jóvenes quien sean los portadores del internacionalismo, de la libertad y de los ideales democráticos. A ellos nos gustaría transmitir la consigna que hizo antes de morir Olle Meurling, el primero de nuestros camaradas que cayó en España : Camaradas, sostener la ardiente llama roja118.

Las campañas de solidaridad de los excombatientes que lucharon en la Guerra Civil española finalizaron 58 años después de su inicio. Sin lugar a duda fue la experiencia solidaria más extensa temporalmente de toda la historia contemporánea del país, causado en parte por la prolongada estancia del dictador en el poder en España y, a su vez, por el alto nivel de conciencia ciudadana generada en Suecia durante todo el periodo. Gracias a su labor, el compromiso que adquirió el país escandinavo en defender la República española ha quedado presente hasta el día de hoy y se transmite a las generaciones más jóvenes.

Varios de los brigadistas que regresaron a España publicaron sus testimonios de la guerra, donde detallan las aventuras para llegar a la Península Ibérica, además de sus vivencias en las batallas. Un estudio relativamente reciente sobre la veracidad de la información entregada en estas publicaciones señala que la historiografía sueca del papel de los brigadistas ha sido escrita con mucho idealismo, fundamentalmente con relación a las necesidades políticas de la postguerra en lugar de seguir un rigor histórico.

Bibliografía

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