Cine

En el principio fueran las suecas y el bikini. El bikini de Elke Sommer en Bahía de Palma (1962) 1 fue el primero, aunque en el cartel de la película aparecía aún con un jerséi.

La tendencia venía de Italia, con filmes de 1959 (Costa azzurra), 1960 (Ferragosto in bikini) y 1961 (Scandali al mare, Pesci d´oro e bikini d´argento):

Destaca el papel de Cassen como baterista del combo, trapisondista y obsesionado por las suecas.

Elke Sommer luce al principio de la película el bikini negro que fue motivo de escándalo —con la consiguiente promoción— aunque en la versión española no aparece con otro blanco que sí figura en las fotos promocionales y en el cartel para el mercado mexicano, al que llegó en 1964 con el expresivo título de Mallorca, besos de fuego. En Alemania el título vino a significar algo así como «Juego y pasión» y en Francia se estrenó como La tigresse. De que la intención inicial era la exportación dan cuenta sendas fotografías promocionales de una escena en la que la actriz alemana aparece desnuda en la cama para la doble versión. La campaña promocional surtió efecto y no hay tratado sobre la censura en España, ni ensayo sobre las relaciones entre el fenómeno turístico y su reflejo cinematográfico, ni columna de chismorreo, ni memorias de Landa que no den por bueno el aserto de que el de Elke Sommer fue «el primer bikini del cine español», aunque nadie ha apuntado que el segundo entonces sería el que luce Laura Granados en el contraplano. Juan Bosch se lamentaba de haber pasado a la historia con este único sambenito.

Dos años después, Este Films regresa al lugar del crimen en Playa de Formentor (Germán Lorente, 1964) y arranca la secuencia de títulos con dos muchachas en biquini haciendo esquí acuático, algo que casi puede leerse como una declaración de intenciones. El desembarco de Fraga al ministerio de Información y Turismo ha favorecido esta evolución y la eclosión de un cine que afecta directamente a la otra rama de interés de su departamento.

De hecho en la coproducción hispano-italiana Vacaciones en Mallorca (1959) se llevaban solo bañadores de una pieza. Tras haber frecuentado el género criminal desde mediados de la década de los cincuenta, Este Films, la productora de Enrique Esteban y Germán Lorente, arranca en 1961 con un filón playero cuya primera entrega es El último verano (Juan Bosch, 1962).

Se trataba de buscar un cine que pudiera ser ubicado en los paisajes turísticos que, por aquellos años, habían comenzado a ser valorizados desde una administración que pensaba en el turismo como fuente irremplazable de divisas pero también como forma privilegiada de insertar a nuestro país en en un contexto al que se le negaba el acceso por razón de su atipicidad política. Santos Zunzunegui: Los felices sesenta: Aventuras y desventuras del cine español (1959-1971). Barcelona, Paidós, 2005, pág. 106.

El ascenso de Lorente a la categoría de realizador deja en mala posición a Bosch en el seno de Este Films, de modo que su última película playera está financiada por la compañía madrileña de la familia Reyzábal, Ízaro Films. En Sol de verano (Juan Bosch, 1963) Rafael Alonso retoma el papel de Cassen junto a Arturo Fernández y la morena y la rubia recaen en Luz Márquez y en una debutante Rosanna Yanni, que, cómo no, exhibe su espléndido cuerpo embutido en un bikini. Hablamos con la referencia de la portada del EP de Andy Russell porque la película, a día de hoy, resulta invisible: «La vendieron para Argentina y un burro de la casa les mandó el negativo y no regresó, claro. Creo que sólo existe una copia en 16mm y en blanco y negro». [Juan Bosch a Antonio Gregori: El cine español según sus directores. Madrid, Cátedra, 2009, pág. 304.]

El libreto, del propio Bosch y de Ángel G. Gauna, parece más decididamente decantado hacia la comedia, prueba evidente del cansancio que provoca en el realizador el filón del melodrama playero. Lorente seguirá cultivándolo en Donde tú estés / Le desir / Un amore e un addio (Germán Lorente, 1964), Vivir al sol (Germán Lorente, 1965) y Su nombre es Daphne (Germán Lorente, 1966), aunque siempre en escenarios y ambientes más sofisticados.

Las suecas mitológicas. «De París para arriba todo son suecas», resumió Francisco Umbral en una de sus columnas. El teléfono escacharrado sueco con Pajares y Esteso- El Hormiguero 3.0. En homenaje a los invitados Fernando Esteso y Andrés Pajares hemos jugado al ‘teléfono escacharrado’ con unas chicas suecas (tan presentes en sus películas):

César Vallejo y Roy Andersson: «Sånger från andra våningen» («Canciones desde el segundo piso», 2000)
Sigo investigando sobre las relaciones españolas de los Tip y Coll suecos -salvando las distancias (Hasse och Tage). En este caso, me adentro en la película «Las aventuras de Picasso» (1978)

Décadas después, la directora de cine adulto Erika Lust (nacida en Estocolmo y afincada en Barcelona) no lograba entender por qué, cada vez que se incorporaba a un grupo de amigos en su ciudad adoptiva, algún guasón soltaba con mucha risa eso de que viene la sueca. El descubrimiento de la consistencia fabulosa que habían adquirido sus compatriotas y, por un raro mecanismo de herencia, ella misma la llevó a escribir un libro titulado Por qué las suecas son un mito erótico.

Lust es una buena destinataria para una pregunta clave: en realidad, ¿cómo veían aquellas suecas a aquellos españolitos? «Fogosos, impetuosos, impulsivos, cariñosos, machistas, machitos, morenos y buenos amantes. Era una mezcla extraña de atracción y rechazo, ja, ja…».

Erika Lust: Por qué las suecas son un mito erótico: Los secretos de las suecas por fin desvelados (Muy personal). Desde los inicios de la modernidad, las suecas despiertan entre las mujeres curiosidad, pasión y envidia a partes iguales. La autora de este libro es sueca y nos cuenta cómo seducen y aman en un país situado casi en el fin del mundo. Examina las verdades y mentiras de la imagen que tenemos de la sueca como mujer libre, independiente, fuerte y sexual. Este libro fresco y divertido desvela los secretos del gran mito erótico de los hombres latinos. Desde su cultura a la educación sexual que ha contribuido a hacer de la sueca una mujer positiva, abierta y desinhibida. Con este libro aprenderás… Claves de las suecas para ser irresistiblemente sexys Cómo conquistar a una sueca (para ellos) Cómo conquistar como una sueca (para ellas) Claves para hacerte el sueco/a

https://en-clase.ideal.es/2015/06/27/antonio-luis-gallardo-que-vivan-las-suecas/

BIBLIOGRAFÍA
Bikinini

NOTAS

  1. El precipitado rodaje de Bahía de Palma. El equipo es prácticamente idéntico al de El último verano: Vela Jiménez y Colina a la máquina de escribir, Esteban y Lorente a la calculadora, Miguel F. Mila tras la cámara, José Solá con la batuta -que en esta ocasión va a tener importancia capital- y Bosch coordinándolo todo e intentando imprimir ritmo al conjunto. Arturo Fernández repite como creador con el corazón desgarrado. Esta vez es Mario, un pianista especializado en la obra de Chopin, que recala en una boite mallorquina en la que Olga (Elke Sommer) y su pandilla de amigos ricos y superficiales intentan matar el tedio que suponen sus vidas a base de gamberradas y dolce vita. Mario le pega a la joven caprichosa la bofetada que su padre no le ha pegado nunca y que ella estaba deseando recibir. Como venganza, Olga hace que le despidan del club. Mario inicia entonces un idilio con Clara (Teresa del Río), la prima pobre de Olga, que ya lo conocía de antes y le admira profundamente como pianista. Sin embargo, antes de enfrentarse a la interpretación del concierto de Chopin que supuso su quiebra emocional, Mario se da cuenta de que a quien ama de verdad es a Olga. Los diálogos de fotonovela quedan compensados cada tanto por la verborrea de Cassen, en el papel del baterista del combo, trapisondista y obsesionado por las suecas. Fue una sugerencia de Bosch para equilibrar un poco la balanza de tanta transcendencia. Este contrapunto alcanza también a las composiciones musicales: las piezas del huésped de la cartuja de Valldemosa tienen como contrapartida los ritmos bailables de José Solá, que lo mismo le da al mambo o al slow que recicla un madison twist. Sin embargo, Solá prefiere sus composiciones jazzísticas para los policiales de Bosch y Julio Coll que estos trabajos en cintas «sin grandes temas argumentales ni ambición artística», aunque «en su momento resultaban agradables de ver y marcaron una época muy determinada del cine español». José Solá a Joan Padrol, en Emilio C. García Fernández (ed.): Memoria viva del cine español. Madrid, AACCE, 1998, pág. 398.