Jesús Policarpo Revaque Garea (Serrada, Valladolid, 1896-Ciudad de México, 1983) fue un maestro republicano que estuvo con los niños acogidos durante su estancia en Dinamarca. Al estallar la Guerra Civil fue nombrado director de El Diario Montañés, al frente del cual permanecerá hasta mayo de 1937. En Santander fue director del colegio Menéndez Pelayo.
El Gobierno de la República le encomendó la dirección de colonias de niños españoles refugiados en Dinamarca y Francia.
Ante la preocupación creciente sobre lo que ocurría en la colonia de Ordrup (Dinamarca), el gobierno frentepopulista decidió enviar a Revaque Garea a Dinamarca. Su nombramiento como director provisional de la colonia danesa, fechado el 1 de septiembre de 1937, respondía a una misión clara: recuperar el control de la colonia, poner orden, verificar las sospechas sobre Zabala y ser los ojos del gobierno republicano en terreno escandinavo.
Tenemos el testimonio de las cartas de Revaque a su mujer Regina Lago García de Comas (delegada republicana para la Infancia Evacuada en el extranjero) El profesor español dio a conocer formalmente el caso Zabala. En sus cartas, conservadas parcialmente, denuncia no solo la actitud autoritaria del argentino, sino la existencia de una red de influencias fascistas locales —incluido un cura, un carpintero y un periodista— que intentaban desprestigiar a los niños españoles y favorecer su repatriación a la zona sublevada.
Según los testimonios recabados por Revaque y los profesores españoles, Zabala se negaba a irse de la colonia, y habría llegado a organizar un viaje de fútbol infantil entre los chicos españoles y los daneses, con el presunto propósito de trasladar a varios menores a Alemania, desde donde serían entregados al régimen franquista como símbolo propagandístico y de legitimación del bando nacional.
El episodio fue tan alarmante que terminó en una comparecencia judicial. Aunque el tribunal de Copenhague desestimó formalmente las acusaciones, la presión de los maestros republicanos y del Comité Danés derivó en la expulsión definitiva de Zabala del territorio danés.
Zabala, en sus memorias y entrevistas posteriores, ofreció una versión completamente distinta: negó toda vinculación política, atribuyó su salida al vencimiento de su visado y se presentó como víctima de una conspiración política.
Tras la salida de Zabala, Revaque permaneció en Ordrup. Lo que había sido planteado como un puesto temporal se transformó, sin aviso ni opción, en un cargo permanente. A pesar de que “los agentes provocadores” ya no estaban en escena, los problemas no cesaron. A través de las misivas que se intercambió el matrimonio, se pueden leer en paralelo dos niveles de experiencia: uno personal, profundamente humano, y otro institucional, marcado por el compromiso profesional.

Por un lado, emerge la voz de un hombre desgastado por el exilio y la soledad, separado de su familia y angustiado por el estado de salud de una de sus hijas, enferma de fiebre tifoidea en Francia. En más de una ocasión, implora su traslado para poder estar con ellas. En sus cartas, llama a Dinamarca “aquel país absurdo”, expresión que aparece repetidamente y que condensa no solo su frustración, sino su creciente desesperación emocional. La guerra lo ha dejado atrapado en un lugar que no eligió, con una responsabilidad que lo desborda.

Por otro lado, se percibe con claridad la dimensión pedagógica de su labor. A pesar de las condiciones adversas, Revaque y el resto del personal republicano desplegaron un trabajo extraordinario: se organizaron actividades culturales, se fomentó la educación plurilingüe, y se creó un periódico infantil, Eco y Luz, redactado por y para los niños. También se promovieron celebraciones ligadas a las tradiciones de las distintas regiones de origen de los menores, así como intercambios con la juventud danesa, especialmente con sectores socialistas, comunistas y obreros, que demostraron gran solidaridad.
Portada del diario escolar «Eco y luz» (1 de julio de 1938).
Sin embargo, y pese a las múltiples felicitaciones del gobierno republicano en el exilio por su labor, lo que domina el tono de las cartas es el desgaste: frustración, agotamiento y, sin duda, depresión. Revaque narra, casi a modo de crónica, la muerte de una niña por las secuelas de una explosión sufrida en España, la llegada de cartas sospechosas de supuestos familiares reclamando la repatriación de niños (muchos de los cuales ni siquiera estaban en Dinamarca), y la falta de colaboración por parte de algunos trabajadores daneses en la colonia de Ordrup. A estos últimos los acusa directamente de robo de alimentos, maltrato a los niños y una alimentación pobre, monótona e insuficiente.
A todo esto se suma un incidente particularmente grave: una contusión cerebral severa sufrida por él, que lo dejó meses en cama y puso en evidencia la precariedad de los recursos médicos disponibles. El relato de Revaque deja ver una situación límite: un espacio saturado, sin medios suficientes, con escasa protección institucional y cargado de una presión desmedida para quienes estaban al frente. A esto se suma un dato nada menor: la República apenas podía enviar recursos. Vivir en Dinamarca era, y sigue siendo, considerablemente más costoso que en España, lo que agravaba aún más la precariedad material del equipo docente.
Con la expansión del nazismo y el fascismo por Europa y la inminente caída de la República, finalmente se tomó la decisión de trasladar la colonia a Francia en octubre de 1938. Sin embargo, fue tal la negativa de la administración a permitir que Revaque abandonara su cargo antes de tiempo que su esposa —la también maestra María Monte Sarabia, directora de la colonia de niños en Asnières — tuvo que viajar hasta Dinamarca para rescatarlo de una depresión profunda que lo había confinado a la cama, con una creciente dependencia a los somníferos. [26]
En Francia, ambos continuaron con su labor pedagógica. Ella se mantuvo en la colonia de Asnières; él fue destinado a Châtenay-Malabry, un espacio reservado para niños considerados “difíciles”. Allí, a pesar del desgaste emocional acumulado, siguieron desempeñando su labor con entrega y reconocimiento institucional hasta el 14 de mayo de 1939. Ese día, todo cambió. [27]
El éxodo republicano al Nuevo Mundo. A bordo del buque Sinaia, María Monte, Jesús Revaque y sus dos niñas de 7 y 8 años arribaron a México el 13 de junio de 1939. Lo que vino después, como suele decirse, ya es otra historia.
Bibliografía
Beretning fra Komiteen for spanske Børns Ophold i Danmark
Santiago Córdoba Wolf: «Infancia en disputa: La Colonia Republicana de Dinamarca, un atleta olímpico, robo de niños y el eterno exilio» (2025)